GRAN LOGIA OCCIDENTAL DE COLOMBIA
Gabinete del Muy Respetable Gran Maestro





PASADO, PRESENTE  Y  FUTURO DE LA FRANCMASONERÍA

  VICTOR HUGO VALLEJO
Muy Respetable Gran Maestro

Gran Logia Occidental de Colombia

V CONGRESO DE VENERABLES MAESTROS Y DE MAESTROS MASONES
Cartagena de Indias, Octubre 26 y 27 de 2001,e.v.


INTRODUCCIÓN

 

No deja de ser demasiado ambicioso el nombre de esta charla, como que puede representar el poner en escena todo el panorama completo de la Orden en nuestro medio. En justificación debemos decir que fue un pretexto para contextualizar en debida forma lo que pretendemos plantear, que toca más con el futuro de la Institución que con cualquier otra circunstancia.

 

La parte histórica que se va a citar con toda seguridad es incompleta y no tiene pretensiones científicas, ni siquiera de mera reseña objetiva, apenas si alcanza la ausencia de conocimiento de citas aisladas que refieren situaciones puntuales que pueden ser tomadas como lugares desde los cuales se aprecian posibilidades de inventarios.

Puede servir como punto de inquietudes para quienes tengan interés en profundizar en los textos de historia de la Masonería nacional, que los hay de alta calidad, como fruto de serios trabajos que han realizado Hermanos a quienes les ha sobrado ambición para no dejar en el olvido una actividad que depende del nivel de voluntad y dedicación de quienes la integran.

 

Lo que se relaciona con el presente de la Orden de algún modo es la visión que el suscrito tiene de ella, conforme al conocimiento que ha podido captar en la medida del acercamiento que debería ser más intenso entre todas las Logias del país, si se quiere darle una medida de universalidad, al menos nacional, de lo que somos, como que a veces se tiene la sensación de ser Masón de Logia, pero no del mundo.

 

En cuanto corresponde con el futuro tiene, como en todos los casos, mucho de especulativo, ya que es la visión que se propone, pero en cuya realización bien pueden influir factores que contribuyan a lo que se formula o sencillamente desvirtúan los deseos, que en no pocas ocasiones no logran coincidir con la realidad. El propósito central es generar discusión, debate, para que no nos tome el futuro con métodos inadecuados y posibilidades nada cercanas a un desarrollo sostenido.

 

Sin que esto implique la intención de quien escribe de curarse en salud o no quedarse solo con la autoría de los despropósitos que aquí puedan aparecer, en este aspecto se recogen una gran cantidad de reflexiones que se han hecho en eventos, en reuniones de Masones, en observaciones de diferentes ensayos y en el ánimo que puede palparse cuando se conoce el pensamiento de quienes recien llegan a la Institución.

 

El debate apenas empieza, y como en el poema de Jorge Zalamea se espera que la audiencia sea grande para que la discusión sea enriquecedora, con la única solicitud de que haya mentes abiertas, razones fundadas y espíritu de consolidación de unas ideas y una filosofía en la que creemos y hemos jurado mantener. Todo debe ser en bien general de la Orden.

 

EL PASADO

 

La Masonería nunca ha sido partidaria de la Monarquía. La ha combatido y por supuesto esa lucha le ha generado la condena y la persecución de los poderosos, quienes con el argumento de obtener el poder de parte divina, siempre se creyeron amos y señores imperturbables, teniendo a nuestros Hermanos de antes como unos usurpadores, por encima de defensores de la razón, que finalmente es la que defiende la posibilidad del manejo de la autoridad por méritos, antes que por decisiones no explicadas, ni mucho menos por herencias no merecidas.

 

Cuando los españoles y portugueses llegaron a lo que ahora se conoce como América, vinieron con todos sus defectos y virtudes, más de los primeros que de las segundas. Trajeron consigo los lastres políticos y sociales que ellos mismos estaban sufriendo por largos años, lo que de alguna manera les daba la convicción de inmodificables. Las monarquías europeas tenían  indudable enfrentamiento  con los Masones, a quienes perseguían para entonces y trataban de exterminar, con métodos físicos, económicos y espirituales. Eso se trajo a nuestras tierras. No podía haber muchas esperanzas de que la cultura europea llegase con las ventajas de lo mejor, sino con las posibilidades de lo peor, que era básicamente el  enriquecimiento mediante el apoderamiento de bienes ajenos, que patentaron como suyos mediante decisiones eminentemente religiosas, implantando la propiedad privada sobre lo que antes era colectivo y constituía economía sólida con base en el esfuerzo comunitario, con la mentalidad del bien común, por encima del beneficio individual.

 

La Masonería era una perseguida para entonces, cuando comienzan los desembarcos de europeos en éstas tierras, a las que llegan inicialmente por equivocación y de las que se apoderan por ambición desmedida, usando de manera efectiva un proceso de aculturación y desdibujamiento de lo que ya existía como valores, que si bien no eran coincidentes con los de ellos, eran cualidades cuya evaluación  aún se le debe a la historiografía actual. En lo que trajeron inicialmente no podían incluirse el de ser libres y de buenas costumbres. Lo primero no era su propósito y lo segundo estaba lejos de su manera de ser, so pena de perder el viaje después de tantos días de navegación por mares desconocidos, en los que no fueron pocos los que perdieron la vida. 

 

El descubrimiento y la colonia, en su casi totalidad, no tienen historia en cuanto lo que corresponde con nuestra augusta institución.

 

Un instrumento esencial de la colonia es la ignorancia. La mejor manera de someter al otro, es impidiéndole conocer aquello que lo puede liberar. De ahí porque la educación es la mejor manera de no heredar las circunstancias de opresión y desigualdad.

 

Cuando los criollos comienzan a viajar a Europa se encuentran con un desarrollo inmenso del conocimiento humano, teniendo la ventaja de observar el enciclopedismo en su apogeo, cuando los tiempos oscuros del dominio dogmático comienzan a ceder. De alguna manera la enciclopedia es fruto del trabajo de las Logias y de los Masones. Desde los Talleres se comienza a construir el edificio de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Algunos de esos criollos tienen, al menos, acercamiento con la Masonería, aunque por temor o protección de sus intereses, ya que casi todos tenían el cuidado de conservar sus ventajas de ser descendientes de los colonizadores, o a las posibles persecuciones, que también conocieron, al regresar poca o ninguna manifestación hacían de ello. Les quedaron las inquietudes que fueron desarrolladas más adelante.

 

No era fácil ser Masón cuando sobre la conciencia y los actos dominantes de los hombres pesaban bulas papales como la de Alejandro XII, que prácticamente autorizaba el asesinato justificado de quien lo fuera, con el aditamento de la legalización de decisiones de este orden por parte de los gobernantes civiles, como el rey Fernando V. El paso de los tiempos no daba tregua y Benedicto XIV pasa a la ofensiva para perseguir a los Hermanos, lo cual  sucede en 1751, año en el cual el Rey Fernando VI ordena  por completo el exterminio en todas sus tierras, en las que se incluían las que llamaron posteriormente América. Para que hubiese factor de convicción de que la persecución era en serio, le entregaron la misión de juicio a los Masones al Santo Tribunal de la Inquisición.

 

En París para 1758 se crea una organización masónica con visos de lo que es el Escocismo. De su seno sale la autorización para que el Hermano Esteban Morin funde instituciones masónicas en América. En 1763 funda la Logia Perfecta Armonía, en Santo Domingo, República Dominicana y en 1770 crea en Kingston, Jamaica, el primer gran Capitulo del Real Arco, con 25 grados. Son semillas no muy bien organizadas desde las cuales germinan movimientos que se van expandiendo por las tierras americanas y deben ser tomadas en cuenta como antecedentes de lo nuestro.  Son especies de Consejos Escocistas los que otorgan cartas patentes a las Logias, abandonando un tanto la idea original de Londres en 1717 de que esta sería tarea de las Grandes Logias.

 

A finales del siglo XVIII se organizan en Santa Fé de Bogotá las primeras Logias. Hacia 1793 don Antonio Nariño y Alvarez lidera “El arcano sublime de la filantropía”, que aún hoy muchos historiadores apenas si lo entienden como una especie de centro literario o de estudios. La intelectualidad santafereña era la visitante de esta Logia. Por allí estuvieron José Antonio Ricaurte y Riguero, José María Lozano y Manrique, José Luis Azuola, Luis Eduardo Azuola, Esteban Ricaurte Muñoz, Francisco Antonio Zea, el canónigo Francisco Tovar, José Joaquin Camacho y Lago, Pedro Fermín Vargas y otros.

 

En 1808 se funda en Cartagena de Indias la Logia “Las tres virtudes teologales”, con carta patente expedida por la Gran Logia Provincial de Jamaica. Se  convirtió en el centro donde se expusieron las ideas que llevaron al primer grito de independencia en lo que hoy es  nuestro país el 11 de noviembre de 1811.  En esta Logia estuvieron Hermanos como José María García de Toledo, José Fernández Madrid, Joaquin Villamil y Canabal, Juan Neponuceno Berrueco, Manuel Rodriguez Torices,  el presbítero Juan Fernández de Sotomayor y Picón, entre otros. Cuando Pablo Morillo domina la ciudad, reinstala el Tribunal de la Santa Inquisición y fácil es imaginar la suerte de nuestros Hermanos, quienes cuando contaron con buena suerte pudieron permanecer escondidos.

 

En 1821, liberada la ciudad, se restablecen los trabajos en Logia.

 

Cumplida la independencia de la Nueva Granada, luego de los combates del Pantano de Vargas y Boyacá, se crea en Santa Fé la Logia “Los corazones sensibles” de la que hacía parte Francisco de Paula Santander. Luego cambiará de nombre a “Luz de Colombia # 1” y más adelante y definitivamente “Fraternidad bogotana # 1”.

 

En la primera mitad del siglo XIX funcionan varias Logias regulares y otras no tanto, especialmente en Santa Fé de Bogotá.

 

Mediante decreto de noviembre 8 de 1828 el presidente Simón Bolívar prohibe las reuniones de “sociedades y confraternidades secretas”, para darle un nombre eufemístico a la Masonería. Es persecución oficial, como producto de los hechos de la denominada conspiración septembrina, en la que se vieron envueltos hermanos reconocidos como el caso de don Florentino González, un bolivariano convencido hasta cuando a nuestro Libertador lo tentaron las ideas monárquicas y los deseos de poder absoluto.

 

El 9 de junio de 1833 se constituyó en Cartagena El Supremo Consejo Neogranadino, con el concurso de masones ingleses y jamaiquinos.

 

A pesar de que el General Santander deroga el decreto bolivariano, la Masonería bogotana solamente renace de manera regular y con trabajos periódicos para 1849, cuando se crea la Logia “Estrella del Tequendama”.

 

El 3 de junio de 1864 el general Tomás Cipriano de Mosquera funda un segundo Consejo Supremo que denomina  Gran Oriente Central Colombiano. Hubo necesidad de un tratado de paz y amistad en 1870 para evitar conflictos entre los dos Consejos.

 

La Masonería colombiana vuelve a entrar en sueños en 1888 cuando Rafael Nuñez  la persigue acervamente.

 

Renace para noviembre 18 de 1911 cuando se crea  el Supremo Consejo Central colombiano con sede en Bogotá.

 

En 1928 se fusionan los dos grandes Consejo Supremos, órganos escocistas antes que simbólicos.

 

Las logias Siglo XIX # 24 de Barranquilla y Propagadores de la Luz # 53 de Bogotá, reclamaron su derecho a pertenecer a Grandes Logias, antes que a Supremos Consejos. Esto sucede  para 1917. Para cumplir con los requisitos numéricos de Gran Logia se dividen en otras Logias.

 

El Supremo Consejo autoriza la creación de Grandes Logias en 1917: con la Siglo XIX de Barranquilla, que se divide en tres Logias: La Triple Alianza # 2 y la Estrella del Caribe # 3, con la Libertad # 54 de Calamar, se forma la Gran Logia, que se separa y enfrenta al Supremo Consejo  y en 1918 asume la asociación de todas las Logias colombianas, con el nombre de Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Barranquilla.

 

El primero de enero de 1920, se constituyó la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Cartagena de Indias.

 

En 1921 las dos Grandes Logias hacen un Tratado de Paz y Amistad y se dividen el territorio Nacional.

 

El 19 de febrero de 1922 se crea La Gran Logia de la República de Colombia, con sede en Bogotá.

 

El 23 de febrero de 1935 se crea la Gran Logia Occidental de Colombia, desprendiéndose de la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia.

  

La armonía regresó a los trabajos aunque no se detiene el ánimo divisionista, que de alguna manera aún se palpa.

 

Digamos que como característica general de las Logias que antecedieron en nuestra Historia, eran compuestas por quienes de alguna manera se consideraban los hombres más distinguidos de sus núcleos sociales, en lo que de alguna manera pesaba bastante la condición económica de los aspirantes, por lo que bien puede considerarse que era requisito casi indispensable el ser rico para poder ingresar a la Orden. Sobre la materia la discusión puede ser muy profunda, pero es una realidad que negándola en nada  contribuimos al análisis que nos tiene que servir de punto de apoyo para lo que debe ser la Masonería de mañana. En los países desarrollados esta característica se sigue dando para muchas organizaciones masónicas, como que en ellas la democracia rige, pero con distinciones. Es una democracia censitaria, que permite desarrollos diferentes y que de alguna manera le da fortaleza a la Orden en muchos aspectos.

 

 

EL PRESENTE

 

Actualmente en Colombia existen ocho grandes Logias:

La Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Barranquilla, que agrupa las siguientes Logias:

 

  1.-RESP:. BENEMÉRITA Y CENTENARIA LOGIA “EL  

      SIGLO XIX” Nº 24-1

  2.- RESP:. LOGIA TRIPLE ALIANZA Nº 2

  3.- RESP:. LOGIA BARRANQUILLA Nº 1-8

  4.- RESP:. LOGIA LIBERTAD Nº 6

  5.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DEL CARIBE Nº 3

  6.- RESP:. “CARIB LODGE” Nº 15

  7.- RESP:. LOGIA ATLANTICO Nº 8

  8.- RESP:. LOGIA GUERREROS DEL ALBA DE OR:. Nº     9-23

  9.- RESP:. LOGIA LUZ HERMÉTICA Nº       B.D.

 

La Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia, con sede en Cartagena, que agrupa las siguientes Logias:

 

  1.- RESP:. LOGIA SOL DE SABANAS Nº 56

  2.- RESP:. LOGIA LUZ DEL CARMEN 21 Nº 60

  3.- RESP:. LOGIA CARTAGENA Nº 52

  4.- RESP:. LOGIA COLOMBIA Nº 61

  5.- RESP:. LOGIA MAGANGUE Nº 65

  6.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DE SINCELEJO Nº 75

  7.- RESP:. LOGIA HOSPITALIDAD GRANADINA Nº 1

  8.- RESP:. LOGIA UNION Nº 9

  9.- RESP:. LOGIA LUMEN Nº 14

10.- RESP:. LOGIA GERMINACIÓN DEL CARIBE Nº 77

11.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DE SALOMÓN Nº 78

12.- RESP:. LOGIA AURORA Nº 62

13.- RESP:. LOGIA RENOVACIÓN AURORA Nº 76

14.- RESP:. LODGE PROVIDENCE Nº 79

 

La Gran Logia de Colombia, con sede en Bogotá, que reúne las siguientes Logias:

                                 

  1.- RESP:. LOGIA CABALLEROS TEMPLARIOS Nº 0

  2.- RESP:. LOGIA PROPAGADORES DE LA LUZ Nº 1

  3.- RESP:. LOGIA AQUILEO PARRA GOMEZ Nº 2

  4.- RESP:. LOGIA MANUEL MURILLO TORO Nº 3

  5.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DEL TEQUENDAMA Nº 4

  6.- RESP:. LOGIA FILANTROPÍA BOGOTANA Nº 5

  7.- RESP:. LOGIA WELCOME Nº 6

  8.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DEL COMBEIMA Nº 7

  9.- RESP:. LOGIA FRATERNIDAD Nº 8

10.- RESP:. LOGIA TOMAS C. DE MOSQUERA Nº 9

11.- RESP:. LOGIA LEALTAD Nº 10

12.- RESP:. LOGIA CONSTRUCTORES DE LA ARMONIA Nº 11

13.- RESP:. LOGIA ENSEÑANZA Nº 12

14.- RESP:. LOGIA VERITAS VINCIT Nº 13

15.- RESP:. LOGIA IRIS DEL ABURRA Nº 14

16.- RESP:. LOGIA MAUEL ANCIZAR Nº 15

17.- RESP:. LOGIA LUZ DE ANTIOQUIA Nº 17

18.- RESP:. LOGIA JUAN EL BAUTISTA Nº 18

19.- RESP:. LOGIA AMISTAD Nº 19

20.- RESP:. LOGIA JOSE HILARIO LOPEZ Nº 20

21.- RESP:. LOGIA LIBERTAD Nº 22

22.- RESP:. LOGIA HERMÉTICA Nº 25

23.- RESP:. LOGIA GENESIS Nº 27

24.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DE AMERICA Nº 29

25.- RESP:. LOGIA GENERACIÓN Nº 33

26.- RESP:. LOGIA GRANDEZA Nº 37

27.- RESP:. LOGIA ARMONIA Nº 39

28.- RESP:. LOGIA RAFAEL URIBE URIBE Nº 40

29.- RESP:. LOGIA GERMINACIÓN Nº 43

30.- RESP:. LOGIA GÉMINIS Nº 45

31.- RESP:. LOGIA CABALLEROS DE SAN JUAN Nº 46

32.- RESP:. LOGIA DELTA Nº 47

33.- RESP:. LOGIA SIMON BOLIVAR Nº 48

34.- RESP:. LOGIA GESTION SIGLO XXI Nº 55

35.- RESP:. LOGIA GUIMEL ANTONIO NARIÑO Nº 57

36.- RESP:. LOGIA CULTORES DE LA ACACIA Nº 77

 

La Gran Logia Occidental de Colombia, con sede en Cali, a la que pertenecen las siguientes Logias:

 

  1.- RESP:. LOGIA UNIVERSALITAS Nº 1

  2.- RESP:. Y BEN:. LOGIA PHOENIX Nº 2

  3.- RESP:. LOGIA PROMETEO Nº 3

  4.- RESP:. LOGIA DE INTEGRACIÓN MORIA Nº 4

  5.- RESP:. LOGIA LUZ DEL PACIFICO Nº 5

  6.- RESP:. Y BEN:. LOGIA ARIEL Nº 7

  7.- RESP:. Y BEN:. LOGIA EUREKA Nº 8

  8.- RESP:. LOGIA ZOHAR Nº 9

  9.- RESP:. LOGIA LUZ ETERNA Nº 10

10.- RESP:. LOGIA LUZ DEL RISARALDA Nº 13

11.- RESP:. LOGIA NIEVES DEL RUIZ Nº 14

12.- RESP:. Y BEN:. LOGIA LIBRES  Nº 17

13.- RESP:. Y BEN:. LOGIA LUZ DE OCCIDENTE Nº 19

14.- RESP:. LOGIA HUMANITAS Nº 21

15.- RESP:. LOGIA ACACIA Nº 23

 

La Gran Logia de los Andes, con sede en Bucaramanga, en la que se encuentran afiliadas las siguientes Logias:

 

  1.- RESP:. LOGIA RENOVACIÓN 1-12

  2.- RESP:. LOGIA HOMBRES LIBRES Nº 2

  3.- RESP:. LOGIA AMOR Nº 3

  4.- RESP:. LOGIA COSMOS Nº 4

  5.- RESP:. LOGIA CONDOR Nº 5

  6.- RESP:. LOGIA FARO Nº 6

  7.- RESP:. LOGIA UNION FRATERNAL Nº 7

  8.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DE ORIENTE Nº 8

  9.- RESP:. LOGIA GENESIS Nº 9

10.- RESP:. LOGIA SOLIDARIDAD Nº 12

 

La Gran Logia Oriental de Colombia, con sede en Cúcuta, a la que pertenecen las siguientes Logias:

 

  1.- RESP:. LOGIA SANTANDER DEL NORTE Nº 2-14

  2.- RESP:. LOGIA CATATUMBO Nº 4-17

  3.- RESP:. LOGIA CABALLEROS DEL TEMPLO Nº 11

  4.- RESP:. LOGIA OBREROS DEL SILENCIO Nº 7

 

 

  5.- RESP:. LOGIA ESTRELLA BOREAL Nº 5

  6.- RESP:. LOGIA RENACIMIENTO Nº 15

  7.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DE PAMPLONA Nº 3-16

 

La Gran Logia del Oriente de Córdoba, con sede en Montería, que federa las siguientes Logias:

 

 1.- RESP:. LOGIA ESTRELLA DE SINU Nº 57-2

 2.- RESP:. LOGIA LUZ DE MONTERIA Nº 63-3

 3.- RESP:. LOGIA JOSE MARIA CORDOBA Nº 64-4

 

La Gran Logia Benjamín Herrera con sede en Santa Marta, en que se reúnen las siguientes Logias:

 

  1.- RESP:. LOGIA LUZ DE LA VERDAD Nº 48-1

  2.- RESP:. LOGIA TUAL Nº 8

  3.- RESP:. LOGIA ARTE REAL Nº 11

  4.- RESP:. LOGIA TORRENTES DE ARIGUANI Nº 18-5

  5.- RESP:. LOGIA FUERZA Y MATERIA Nº 60-03

  6.- RESP:. LOGIA JOSE ALMANARES MEJIA Nº 6

  7.- RESP:. LOGIA ARMANDO L. FUENTES Nº 7

  8.- RESP:. LOGIA ORIENTE FRATERNO Nº 10

  9.- RESP:. LOGIA COSMOS Y SABIDURÍA Nº 9

 

 

Un total de 8 Grandes Logias, en las que operan un total de          103 Logias.

 

Los Masones en Colombia somos unos 1.800 en total, distribuidos en los entes administrativos antes dichos. Hablamos de los Masones activos, porque  son muchos más los que se encuentran en sueños y demasiados los que se han retirado por su edad, por desilusión o porque han creído cambiados los objetivos y propósitos que se persiguen dentro de la filosofía que a ellos los inspiró en el momento de su ingreso. Sin contar aquellos que de alguna manera han sido sancionados y que no se logra definir si están adentro o afuera. En un esfuerzo de imaginación  que no corresponde a registro estadístico cierto de ninguna naturaleza, bien podemos decir que la población masónica colombiana, entre activos y aquellos que no lo son pero que de alguna u otra manera han estado vinculados en cualquier  momento de su vida a la Orden no supera la cifra de 50.000 hombres. Frente a una población de más o menos 40 millones de habitantes, de los cuales bien puede ser la mitad de hombres,  no es un número muy alentador, ni significativo en lo meramente cuantitativo. Son cantidades que nos hacen pensar en cuanto a los niveles de influencia que podamos representar, siendo la exagerada minoría señalada. Somos tan pocos, que bien podemos considerarnos una élite. Nunca las élites son colectivizantes. En la medida en que no se sea tal, mal se puede aspirar a verdaderas penetraciones que conduzcan a modificaciones sociales de trascendencia, como para ser determinante en situaciones dadas. Cuando la realidad se presenta con la precisión de las matemáticas, la discusión se vuelve casi inútil, porque rebatir la certeza de esos números no deja de ser utópico. El mayor argumento contradictor a este aspecto es la calidad de quienes estamos en la Institución. Ella no puede negarse, pero cuando los hombres calificados de mejores son tan pocos, su espacio de acción termina siendo tan reducido que no influye socialmente. Seguirá pareciendo un círculo cerrado.

 

La edad promedio de los Masones activos en Colombia es cercana a los 50 años. Si tomamos en cuenta que la expectativa estadística de vida  en nuestro medio es de 75 años, bien podemos entender que se trata de personas que es más lo que han vivido que lo que les queda por vivir.

 

Como pudo verse en el acápite del pasado, la Masonería se inició en Colombia con la participación de hombres demasiado influyentes y que por supuesto, en su casi totalidad, tenían su situación económica en circunstancias ventajosas, por lo que sus constantes contribuciones a la causa eran voluminosas y pudieron embarcarse en obras y sedes  que  hoy  día  son  bienes difíciles de  conseguir. Para

decirlo de una manera directa: los Masones de antes eran hombres ricos o con extraordinario poder de influencia en el manejo de lo público y lo privado. Podían darse el lujo de ser muy pocos, porque su nivel de influencia se consideraba desde el poder que manejaban, no desde la membresía. Una cosa compensaba la otra.

 

La Masonería de hoy es de  clase media. Hay unos pocos hombres con fuerte poder económico.  En general se trata de ejecutivos, profesores universitarios, profesionales independientes. Todos son personas pulcras, con hojas de vida limpias y de posiciones muy destacadas, algunas incluso con manejo de poder desde lo público y lo privado. Su característica esencial es que se trata de hombres muy bien preparados, con un extraordinario entusiasmo para servir y despojados de egoísmos frente a los demás. Es posible que no seamos muchos, pero en el capital humano está el enorme patrimonio de la Orden. Quienes en ella se encuentran no han ingresado por benevolencia de nadie, ni mucho menos como regalo por motivo cualquiera. Se han ganado el derecho a ser admitidos, luego de cumplir con todas las exigencias que se mantienen y que siguen haciendo la Institución diferente a cualquiera otra.

 

Es una Masonería con una delicada tendencia a la informalidad, lo que de alguna manera puede atentar contra las tradiciones esenciales de ella, pues de las mismas se nutre su diferencia con otra clase de organismos que bien pueden poseer intereses materiales de servicio comunitarios que no se distinguen en mucho de los que buscamos nosotros.  Esta puede ser una de las causas para que algunos se hayan retirado de la actividad, a pesar de tener una larga hoja de vida masónica, pero que discrepan profundamente de esa posibilidad de  que  la  entidad  termine  por parecerse a un club, por elegante que aparezca. En  nuestro  organismo las ritualidades y condiciones de respeto no pueden  ser desvirtuados en ningún momento, porque  hacen  parte  de lo esencial de lo que  ha  sido, es y debe  seguir  siendo. Esa informalidad implica en no pocas ocasiones que muchos que se acercan con el ánimo de ingresar en sus filas, se detengan en sus intenciones, pues buscan algo diferente, con un tanto de concepción mítica y misteriosa que aún se conserva. La formalidad es parte de la institución y perderla es atentar contra su estabilidad característica.

 

Cuando se pretende consolidar el presente nadie puede ignorar el pasado. Este, en cuanto corresponde con nosotros, se encuentra en toda la filosofía que con el paso de los tiempos se ha edificado por quienes nos precedieron y sentaron los principios sobre los cuales se mantiene. El estudio de la filosofía masónica es un deber ineludible de todos, aunque no existan factores coercitivos que conduzcan a tal situación, como que todos hemos llegado y nos mantenemos dentro de la institución de manera voluntaria, que no puede ser abandonado jamás, ni siquiera descuidado. Lo que se identifica ahora es que el estudio de esta filosofía luce abandonado. En demasiadas veces se logra identificar que muchos Hermanos ni siquiera conocen los estatutos y la Constitución de sus organismos administrativos y por supuesto no han tenido ni siquiera la curiosidad de adentrarse en el estudio y análisis de temas de reflexión simbólica que constituyen la razón de ser de los Masones, pues si se llega solamente a asistir a unas Tenidas, a cotizar unos percápitas y de vez en cuando participar en reuniones de integración, la rutina tiene que llegar pronto y de ahí a la deserción solamente hay un paso muy breve. Si no se descubre lo profundo de la Masonería, contenido en sus tratados y principios filosóficos, el aburrimiento de ser Masón no tarda mucho. Conocer a fondo la Orden es un deber, que ahora se percibe abandonado y ello repercute en la debilidad de su composición.

 

Sin que se haya entrado en los detalles de disputas, ni siquiera de diferencias, ha habido algo curioso en el desarrollo de la Masonería y es que las relaciones entre el simbolismo y el escocismo han sido muy buenas en algunos

momentos y pésimas en los subsiguientes, hasta el punto de generar gravísimas crisis que han dejado enormes daños. Una mirada ligera sobre la historia, nos dice que aquí se organizó primero el escocismo antes que el simbolismo. Es tanto como edificar una casa por la parte del techo. No se entiende como, pero se hizo. Por vanidad se han generado disputas que miradas con el paso del tiempo lucen ridículas, mucho más cuando no han dejado nada bueno. El presente en esta materia es positivo, bastante halagador. Al fin se ha entendido (basta estudiar un poco la filosofía masónica) que ambas ramas pertenecen a la  misma esencia, pero que ritual y administrativamente deben mantener sus espacios diferentes, en plena armonía y sin imposiciones de ninguna clase, para que nunca se confunda el respeto con el mando ni mucho menos la autoridad con el poder. No puede haber escocismo sin previo  simbolismo. Nadie puede ser escocista si antes no es simbolista regular.  La autoridad simbolista debe ser respetada y acatada como la de la Orden en general, sin que tampoco signifique posibilidad de inmiscuirse en cuestiones internas del escocismo.    Cada uno debe actuar en sus espacios y en conjunto la autoridad suprema no puede ser nadie diferente al Gran Maestro. En logias regulares la autoridad está a cargo de las dignidades del Taller y en él no pueden, ni deben hacerse valer los grados escosistas que corresponden a otras circunstancias, en las que poseen el pleno derecho de ser tenidos como corresponde a su propia estructura. El respeto mutuo es la clave del entendimiento constante. La regularidad tiene que ser válida en los dos sentidos. Si para ser escocista se requiere como presupuesto el ser simbolista regular, no debe haber duda de que solamente se puede pertenecer al escocismo regular nacional e internacionalmente reconocido y de ninguna manera a entes espúreos de propiedad particular que solamente alimentan la vanidad y la soberbia de quienes han creído que la Masonería es para servirse y no para servir.

 

Se necesitaron muchos años y exageradas crisis para entender esto. Ahora, desde hace cerca de 10 años, se ha podido establecer en forma precisa y ha sido bueno, muy bueno. El presente en esta materia es bien claro y constituye una posibilidad real de crecimiento personal de los Masones, porque los deberes esenciales se dan en el simbolismo, mientras que en el escocismo se tiene la oportunidad de profundizar en estudios que conducen a la búsqueda de la perfección individual y la obtención de grados que necesariamente son un extraordinario orgullo adicional para todos los Masones que poseen un altísimo sentido del honor. El camino del honor es uno de los más correctos para ser mejores. La convivencia respetuosa entre simbolismo y escocismo es   un paso inteligente que tardó mucho en darse, pero que contribuirá efectivamente con el crecimiento de la Masonería colombiana, dentro de la necesaria regularidad.

 

La constancia en las metas que cualquier hombre o institución persigue, es fundamental para los buenos resultados. La de ahora no es una Masonería constante en sus luchas. Es más: luce esporádica en la consecución de propósitos trascendentes. Han sido muchas las ocasiones en que se han iniciado tareas que luego se abandonan. Toda causa que se inicie debe estar antecedida del convencimiento de su necesidad. Por tanto no puede, ni debe ser abandonada. Esta característica es de tal naturaleza, que finalmente queda la sensación de la carencia de causas de los masones de ahora. 

 

Aunque  debemos ser sinceros y aceptar que aquí no estamos los hombres más importantes de Colombia –así la excepción confirme la regla-, no puede abandonarse el principio de igualdad que rige a quienes somos parte de la Orden. Del templo hacia adentro somos Masones y nada más. Se detecta hoy día un afán de “importantismo” profano que no es propio de la institución. Bien es cierto que se necesitan profanos importantes adentro. Que se requieren como Hermanos a quienes manejan poder, porque esto se traduce en posibilidad de ayuda comunitaria en nuestros ánimos filantrópicos, pero no es para doblegar las reglas, ni pasarlas por encima, ni mucho menos  pretermitir los procedimientos admisorios que son únicos para todo el mundo. Los profanos importantes son necesarios a la Orden, pero deben someterse a iguales procesos de selección, porque se trata de que ingresen a una comunidad de pares. El tratamiento discriminatorio positivo que ahora se detecta en algunas Logias, no es propio de lo que somos. Adentro todos somos iguales y quienes desean ingresar a la institución es porque entre sus aspiraciones poseen la de hacerse iguales de quienes ya estamos aquí.

 

Otra característica de la Masonería colombiana del presente es la marcación de dos tendencias que en veces dejan la impresión de ser irreconciliables. Ha llegado a pensarse que existen dos formas a las que se determina como históricas, sin que ello corresponda a la verdad. Se habla de la línea racionalista y la esotérica. Hay quienes creen que solamente pueden ser miembros de Logias que de alguna manera se identifiquen con dichas tendencias. La Masonería es una sola. Si se analiza con seriedad nunca ha habidos dos clases de Masonería. Para ser Masón se tiene que ser racional, es decir poseer la posibilidad concreta de entender todo lo que se encuentra contenido en la filosofía que nos inspira. Dentro de sus descripciones existen numerosos símbolos, rituales y expresiones figuradas, que bien pueden ser entendidas como algo esotérico, para quien no pertenece a la entidad. Para quienes somos parte de ella nada de eso puede ser  esotérico. Formular tal diferencia es limitar la posibilidad certera de la fraternidad, que es la meta radical que se busca. Cuando se quieren sembrar discordias, basta iniciar con diferenciaciones que no responden a lo que se tiene entre las manos. Es algo que se nota en el presente.

 

Ser Masón es, antes que nada, una convicción individual. Se llega a la Orden con el ánimo de ser mejor. Cada quien es lo que se propone. El hombre es dueño de su destino. No puede haber, de hecho no la hay, una especie de magia que haga posible que se modifique a un ser humano por apenas ingresar a un colectivo, como si las características de este se pudieran asimilar por osmosis. En este espacio se encuentran las condiciones que asimiladas pueden servirnos inmensamente    en la consecución de ese camino de mejoramiento. Pero todo depende de cada quien. Comenzando porque la institución no tiene un solo mecanismo de presión o imposición para obligar a alguien a que sea lo que no quiere ser. Todo depende de la voluntad individual de cada uno.  Se puede saber que en la Masonería colombiana del  presente se ha relegado la investigación individual de saber a ciencia cierta porque se está aquí, para que se está aquí. Es el primer deber de los Masones: identificar con absoluta seguridad la razón que se tuvo al ingresar y la que se tiene para permanecer, que no es otra que el futuro masónico que se espera. Pero ello no aparece como por arte de Magia, ni dado por un tercero, eso nace de cada quien. Esa ausencia marca una de las fallas que ostentan los Hermanos de ahora.

 

Ser Masón es un honor. No todos los hombres han sido Masones. No todos los hombres serán Masones. En general siempre han sido muy pocos los Masones. Y como todo honor, depende de que nos lo otorguen quienes ya lo ostentan. No es cuestión que se pueda adquirir con la mera decisión personal de serlo. Se necesita que los futuros pares del aspirante así lo determinen. Los honores siempre significan un grado más en el nivel de dignidad de la persona. La dignidad, en una de sus definiciones,  no es más que   el crecimiento del respeto por los demás y el respeto por si mismo. Mientras más alto es el nivel de dignidad de un ser humano, más obligaciones sociales posee, entre ellas la primera la de respetar en todo espacio a  los demás y saberse apreciar y buscar en todas las circunstancias conforme al papel que debe jugar, que nunca podrá corresponder a la improvisación, ni ser inferior al honor que se lleva consigo. En veces se tiene la sensación ahora de que no hay el suficiente autorespeto por el honor de ser Masón, por la condición de miembro de una sociedad universal, por ser parte de algo que posee profundas raíces de inteligencia y se basa en principios que constituyen lo mejor del desarrollo colectivo. Es como si se llegara al convencimiento que para ser buen Masón basta con comportarse adecuadamente  en los espacios masónicos, abandonando los deberes en los profanos, lo que termina siendo contradictorio, porque desvirtúa una calidad que se lleva impresa en el ser, sin que obedezca a simples formas aparentes.  Las exigencias que en esta materia se detectan en muchos Hermanos son bajas y siempre tienen que ser más altas, porque el honor solamente se mide hacia arriba, ya que hacia abajo comienza el deshonor. Respetar la condición de ser Masón en todo tiempo y circunstancia es algo que debe ir unido a la manera constante de comportarse.

 

Finalmente, en cuanto al presente, observamos una Masonería colombiana que vive de la historia, pero que no se hace el propósito claro de vivir para la historia. Una cosa es vivir de la gloria de quienes nos antecedieron, a quienes les debemos respeto y honores, pero bien diferente es construir la propia historia de mañana, que no es más que el conjunto de acciones de hoy. Tenemos demasiados ejemplos a imitar. Pero no se identifica un deseo concreto de construir modelos que mañana deban ser imitados. Quienes ya nos legaron la Orden poseen su propio espacio. Hay que moldear el que dejaremos los de hoy. No se pasa a la historia con la rutina de ver hacer y ver pasar, ni mucho menos contemplar. Hay que protagonizar, hay que fortalecer. No es buen administrador quien recibe una herencia y a su muerte la deja en el mismo estado en que la obtuvo. Solo es bueno aquel que supo acrecentarla. Es como si con la satisfacción de  nuestros ilustres antepasados fuese suficiente. El compromiso es ser iguales o superiores a ellos, para que en el Oriente Eterno sepan que no araron en el desierto. La de ahora vive de la historia. Poco está haciendo que la conduzca a vivir para la historia.  

 

Es claro que la visión que el suscrito tiene de la Masonería colombiana del presente es un diagnóstico subjetivo y como tal bien puede ser equivocado en parte o en todo. Se hace con la mejor buena intención y con el ánimo de contribuir a la formulación de propuestas de mejoramiento en calidad y en cantidad. Es incluso una exposición que puede pecar de crítica, pero esconder los defectos nunca ha significado para el ser humano que desaparezcan. Una cosa es mantener bajo cubierta esas calidades negativas que no queremos dejar conocer de otros. Otra bien diferente es buscar posibilidades de corrección de esos defectos para convertirlos en virtudes y en ventajas del colectivo. No otra es la intención de este trabajo. Si se difiere con lo dicho, es una excelente discusión de la que debemos obtener consecuencias positivas para todos. No es esta palabra axiomática, pues no va con el autor esa posibilidad ya que ello es parte del fundamentalismo que por principio rechazamos los Masones. Es para abrir el debate. Necesario ahora, si no se quiere un aletargamiento que a nadie conviene.

 

EL FUTURO

 

El pasado no es más que la seguridad de seguir una huella que ya no es modificable. Trabajar con el pretérito tiene la ventaja de la disminución del riesgo del error, porque ya los hechos son lo que fueron y no admiten cambios trascendentes, aunque puedan darse diversas interpretaciones no siempre coincidentes, producto más de la inteligencia intencional de cada quien, que de la objetividad que debe enfrentar una verdad sabida.

 

El presente es el hecho en desarrollo. No evaluado finalmente, porque es susceptible de modificaciones. La opinión que del mismo se tenga carece  de la importante perspectiva histórica que en el juzgamiento se hace necesaria.  Es algo que corresponde al sujeto, con la influencia de los afectos o desafectos de que se sea poseedor. Corresponde a una realidad, pero de todos modos con la perspectiva de quien diagnostica. El margen de error es grande.

 

Cuando nos ocupamos del futuro casi podemos estar entrando en el campo de las especulaciones y para ser menos rigurosos digamos que ingresamos en el espacio de los sueños, o aunque sea solamente de los deseos. Es decir, la exposición del futuro de algo, no es más que lo que quien expone cree que debe ser, basado en lo histórico y teniendo como modelo  mejorar o desmejorar el presente. Siempre se espera que sea  más lo primero que lo segundo.

 

El futuro de la Masonería en Colombia es visto como el autor cree que debe ser. En ello también cabe el debate. Las contribuciones que todos podamos hacer en esta materia son más valiosas que las diferencias que podamos tener en cuanto a la percepción del presente. El propósito es identificar la Masonería que queremos para mañana.

 

La realidad del presente nos muestra que somos muy pocos. Porcentualmente no significamos nada, pues ante casi 40 millones de habitantes no somos ni siquiera dos mil Hermanos. Lo que ha hecho la Orden en la historia, es lo que de alguna manera nos permite que seamos capaces de ser sentidos a pesar de ser tan pocos.

 

El primer gran reto es crecer. Crecer de manera abundante y constante. Ninguna de las Grandes Logias existentes posee siquiera mil Hermanos. Ya una cantidad de esta naturaleza si bien no puede ser considerada como grande, especialmente tomando en cuenta las cantidades que se tienen en países vecinos como Venezuela o Brasil,  permitiría una mínima holgura  de tareas permanentes. Pero esa no puede ser la meta. Tiene que ser mucho más alta, tanto como hablar de que en un plazo no mayor a cinco años, seamos siquiera un millón de Masones en Colombia. Para esto tenemos que poseer una programación de crecimiento en proporción geométrica. Y esto tiene rostro de utopía, por supuesto. Pero no lo es tanto, porque si se considera que las Logias ahora no son de hombres ricos y por tanto de difícil consecución, sino de clase media y media alta y como excepción con algunos miembros que si poseen recursos de esa naturaleza, se debe saber que hay que hacer una gran unión de pequeños esfuerzos para tener un extraordinario poder. Casi debemos recordar la filosofía cooperativa, en que la unión de los débiles se constituye en la fuerza del colectivo. En esto, por demás, están los orígenes de la entidad si recordamos que los primeros Masones no fueron más que obreros de la construcción que por sus aportes individuales constituyeron un colectivo de tanta fuerza que dejaron de ser dependientes para ser obreros libres. La Orden tiene que recurrir necesariamente a tener muchos hombres en condiciones decentes de pasar económico, que unidos pueden hacer mucho, aunque separadamente ninguno posea la más leve fuerza de ayuda con nadie.

 

Debemos ser realistas: en nuestro medio no hay posibilidades de tener una Masonería de hombres poderosos desde lo económico, ni tampoco de los más sobresalientes en el manejo de tantos aspectos de la vida nacional. Hay que recurrir a esa fuerza callada que es la clase media que desde la Revolución Francesa se constituyó en la columna vertebral de las sociedades y construir con ella las metas que se contienen en los principios esenciales de la institución. No tenemos nobles, ni personajes distinguidos que posean la disposición de venir a ayudar, que es a lo que se llega a la entidad, y por tanto debemos recurrir a quienes han tenido una escala de ascenso social como producto de sus procesos educativos. En los inicios la importancia de la Orden la constituyó la fuerza unida de  libertad, que la hizo atractiva para quienes ostentaban posiciones de poder, dando comienzo a la parte especulativa. Hay que hacer importante la Orden, para que a ella lleguen los hombres importantes. No al contrario.     

 

Es claro que los principios y la filosofía de la Orden no son negociables. El trámite de incorporación debe mantenerse dentro de los marcos de exigencias precisas que siempre la han caracterizado y ninguna licencia debe tomarse en ello. Para nadie. Quien no  sea libre y de buenas costumbres no puede ser de los nuestros, por más necesidades que tengamos de membresía. Debemos seguir escogiendo hombres buenos para hacer de ellos hombres mejores, sin mirar hacia arriba sino a los lados, como que tenemos que acomodarnos a los tiempos de ahora que nos enseñan que desde las alturas de pronto ya no interesa a muchos ser Masón. Se requiere que haya un crecimiento hacia el interior, dentro de ella, como ocasión de quien posee las condiciones para ser  alguien que abrace una causa que siempre ha sido de las mejores y que puede hacerse mucho más calificada.

 

La Masonería, socialmente hablando,  no es secreta, apenas discreta. Secretos han sido, son y deben seguir siendo sus signos, toques, palabras de paso y elementos de reconocimiento. En esa tarea de crecimiento se le debe despojar de los caracteres misteriosos que en algunos núcleos  aún conserva, por desconocimiento total y por desdibujamiento presentado por quienes han sido sus enemigos, aunque ahora carezcan de razones para la animadversión. El misterio se lo pusieron otros y en alguna medida hemos contribuido quienes profesamos lo que aquí se hace. No puede haber misterios que hagan impenetrable la Orden. Los misterios no proceden en la vida moderna, cuando las comunicaciones han sido capaces de traspasar todos los linderos y hacer conocer mucho de lo que antes era correspondiente a círculos cerrados o especializados. Tomemos el ejemplo del Internet por el que ahora es posible presenciar una ceremonia de iniciación, el nacimiento de un ser humano o un animal, o incluso hasta la simple Televisión, por la que se hizo posible presenciar en vivo y en directo el más atroz de los ataques de que el hombre haya hecho víctima al hombre, en toda la historia de la humanidad, ese fastuoso martes 11 de septiembre de 2.001. Tener como misterio aquello que cualquiera puede observar en medios electrónicos o que sencillamente se encuentra diseminado en una amplia bibliografía que ronda por todas las bibliotecas del mundo, o que puede ser adquirida en la librería de la esquina, termina siendo innecesario. No hay que hacerlo. Menos cuando creemos en trascendencias como las contenidas en nuestra filosofía.

 

Despojar de tonos misteriosos  es una necesidad para que se haga posible el crecimiento propuesto. Los misterios siempre serán aprehensivos y en esta medida no es atractivo totalmente ningún objetivo. Hay que ser abiertos para que muchos lleguen sabiendo a que lo hacen. No hay que crear falsas expectativas, pues ellas son responsables de muchos abandonos. Hay que decirle al profano que es la Orden, a que se llega a ella y cuales las ventajas de ser Masón. Pero sin engaños. En esa medida el crecimiento será fuerte.

 

Parte de la tarea de descorrer los misterios consiste en hacer conocer la Institución en colectivos donde pueda considerarse que existiría interés en ella. Tal el caso, a manera de ejemplo, de los últimos semestres académicos de las Universidades colombianas, en las que se pueden buscar contactos que permitan que unos Hermanos vayan y dicten una charla contando que somos, para que servimos, de donde venimos y que nos proponemos. Es crear una imagen cierta de lo que constituye la entidad, sin que se rebelen signos, toques, palabras o condiciones que son propias y se deben mantener como tales.   A nadie le enseñan medicina en una charla de orientación profesional sobre la carrera. De igual manera a nadie pueden hacer Masón por el solo hecho de que le cuenten que es. Sin que importe que el público sea mixto. Basta con hacer la aclaración de que es una entidad para hombres. Sin que sea discriminatoria. Ese es uno de sus principios y así se debe conservar. Abrir espacios de esta naturaleza se hace indispensable en este momento. No hay que esperar solamente que toquen las puertas personas aisladas y ocasionales que carecen de una motivación determinada y que en muchas veces  se acogen sólo a su curiosidad. Si somos una institución de buena calidad, no debemos tener rubor de mostrarnos para que otros nos acompañen  en la misión. Cuando  creemos en algo debemos estar muy orgullosos de hacérselo saber a los demás. No se trata de hacer proselitismo, sino de enseñar aquellas causas que son buenas para todos. Tampoco se trata que, a manera de cruzados, nos vamos por calles y caminos con Mandiles y Collarines entonando cánticos masónicos, pues tampoco se trata de comercializar lo que somos, ni mucho menos convertir nuestros principios en elementos de recaudo de fondos con fines poco especificados.  Se trata, en esencia, de hacer una seria tarea de divulgación que muestre realidades y se convierta en atractivo   índice de crecimiento. La Masonería es muy conocida por mucha gente, pero con enormes distorsiones. Estas son propias de quienes hablan de ella con desconocimiento de causa o con malas intenciones, porque seguramente la defensa de lo que creen no son capaces de edificarla en sus propias convicciones sino en agresiones a lo que no son ellos. De alguna manera nosotros tenemos parte de culpa en esa imagen distorsionada que se tiene de nosotros, por estar encerrados en ese hálito engañoso de misterio a éstas alturas de la historia. Hacer conocer la realidad, con gran seriedad y en espacios que puedan ser aprovechados en el objetivo de crecimiento, es uno de uno de los elementos estructurales de la Masonería del futuro.

 

De la mano de lo anterior debe ir el tener presencia social. No basta con ser buenos y tener excelentes costumbres, es necesario que se influya en los espacios donde profanamente cada uno de nosotros se mueva y mucho más cuando lo hacemos de manera colectiva.   

 

La presencia social significa influencia del mismo orden. No puede concebirse ahora que donde están los mejores hombres, sea una institución que pase desapercibida en el desarrollo de las sociedades. Como si solamente estuviéramos encerrados en los templos, lo que puede ser muy útil en el pulimiento de la piedra bruta, pero termina siendo inútil desde lo social, lujo que nadie se puede dar en las angustias humanas de hoy. Hay que repercutir con lo que se hace, hay que participar en decisiones colectivas, hay que orientar, hay que opinar, hay que  guiar, hay que pensar pero sin dejar  esto dentro de nuestras sedes, ni mucho menos solamente entre nosotros.

 

No vamos a reclamar méritos. Vamos a colaborar, a ayudar, a participar, a estar presentes. Cuando se enteren que somos Masones y por eso actuamos de esa manera, no debemos ocultarnos, ni tratar de que no se nos distinga, sencillamente debemos actuar con la naturalidad de quienes saben que hacen parte de una comunidad en la que el bien común se ha puesto por encima de cualquier otro interés. Una línea de conducta de esta naturaleza ayudará a la consolidación  que se reclama   y que es una obligación de los pocos que ahora llevamos en alto las banderas. Estas no son para ser escondidas, sino para enarbolarlas en lo más alto de las comunidades que deben  saber que existimos y que podemos ser útiles en muchos aspectos. Socializar la Masonería para hacerla fuerte, otro sueño de futuro.

 

Cuando las personas se vinculan a las instituciones con entusiasmo y en pleno goce de su creatividad y deseos de servicio, sin duda ofrecen mayores posibilidades de crecimiento institucional. Sin que esto sea un reclamo, ni mucho menos una tacha al pasado o al presente, la Masonería del futuro tiene que ser más joven. Se tiene que rejuvenecer, pues no puede seguir teniendo el promedio de edad que ahora ostenta, por esa condición natural del ser humano a ser conservador en la medida en que se va  acercando a su final como resultado de su condición de mortal. No son pocas las ocasiones en que por esa circunstancia de temperamento de edad, en nuestra entidad se rinden cultos que dejan la sensación de ingravidez, lo que en nada contribuye al desarrollo. Este requiere siempre de gran dinámica y ella solamente se puede exigir de quienes estén en disposición de tenerla y usarla. Es urgente que los profanos lleguen más jóvenes, sin con ello violar las calidades que se exigen en cada caso. Una persona joven puede estar madura como hombre, sin esperar a que se haya gastado más de la mitad de su vida ajena a nuestros principios.

 

Los jóvenes formados como Masones deben ser la columna vertebral del crecimiento numérico, en la seguridad de que sus calidades se harán más notorias y valiosas en la medida en que trabajen con quienes poseen los conocimientos y las convicciones de la filosofía y principios que nos rigen. Necesitamos gente que haya madurado en la personal, pero que necesariamente no se haya envejecido en su tiempo, porque  es mucho lo que hay por hacer y se requiere que lo hagan quienes tienen la creación a flor de piel y las ganas de superar metas. Lo que ha logrado la Masonería hasta ahora en la historia no es para  contemplarlo, es para superarlo y ponerlo como paradigma que no puede desaparecer. Una Masonería más joven, con hombres capaces y entusiastas, es algo que surge como necesidad del proceso de consolidación que se está formulando para el futuro. Hay que creer en los jóvenes como seres libres y de buenas costumbres, que tienen mucho que aportar a lo que somos y mucho más a lo que podemos ser. Quienes ahora ostentamos el promedio temporal que se establece en el presente, seremos la guía esencial de ese desarrollo y no debemos pensar, ni por asomo, que podamos entrar en espacios de competencia con quienes lleguen a trabajar a favor de lo que tanto amamos. No hay que temer, ni mucho menos prejuzgar en cuanto a quienes deben sucedernos. Hay que actuar con el arrojo de quienes saben que el futuro es de los que llegan y colaborar con ellos  en lo que conocemos por los caminos adecuados para no perder la identidad, ni mucho menos la esencia de lo que se es y debe seguir siendo. Los principios y la filosofía de la Masonería no son modificables, pero su desarrollo en manos no indispensablemente veteranas, si puede ser una fortaleza que se requiere en adelante.

 

Ese proceso de fortalecimiento exige, así mismo, que los miembros de la Orden mantengamos unos compromisos sociales con el colectivo colombiano de manera permanente. Hay que olvidarse de acciones accidentales, que nacen de situaciones puntuales y en las que de alguna u otra manera se sabe  que existimos, pero casi desapareciendo por largas temporadas y por tanto siendo inconstantes en causas precisas. No se es Masón por días, por semanas o por meses, ni siquiera por años. Se es Masón por siempre, como que la condición no se pierde nunca más, pero la presencia social que se tiene si deja creer que somos Masones para algunas cosas y dejamos de serlo para otras. Es por la ausencia de esos   compromisos permanentes, que pueden ser de orden individual cuando esto sea suficiente o de carácter colectivo cuando se haga indispensable la sumatotria de esfuerzos a favor de propósitos de beneficio general. La constancia en esta materia no admite discusiones, como objetivo de grandeza y servicio a los demás.

 

Las relaciones entre Hermanos, Logias, Grandes Logias de todo el país deben ser más ciertas y efectivas. Ahora son, igualmente, accidentales. No hay una compenetración que permita estrechar vínculos en forma constante, lo que de alguna forma responde al deber  desde cuando nos iniciamos. Deben crearse mecanismos de integración entre todos los miembros de la Orden a nivel nacional y llevar estos a relaciones con otros países, para que no sigamos siendo esos desconocidos entre nosotros mismos, que solamente nos comportamos como fraternos cuando se dan ocasiones especiales. Tener Hermanos que conozcamos, con quienes compartamos cosas elementales de la vida, con quienes podamos contar en todo momento, que ellos puedan contar con nosotros, es algo que enriquece y hace más valioso estar aquí. Cuando conocemos de esas posibilidades, hay una razón de mucho peso para permanecer dentro de la institución y convertirnos en  promotores constantes de sus bondades. Esas relaciones deben tener unos conductos claros y útiles, para que no sea la casualidad lo que nos lleve a identificarnos como elementos comunes de propósitos iguales. Hay que saber de quienes somos Hermanos, para que ellos sepan que cuentan en nosotros con Hermanos dispuestos a ayudarlos, a atenderlos, a compartir, o al menos a entregarles un fuerte abrazo. Un abrazo todos los días de algún Hermano en cualquier parte del mundo, da un energía positiva que vale la pena experimentar. La constancia en las relaciones entre Masones posee una excelente herramienta en la conectividad. Esta tiene que ser un instrumento de trabajo común.

 

La fortaleza de la Masonería del futuro depende  en buena parte de la claridad, precisión  y fraternidad de las relaciones entre simbolismo y escocismo. Hace poco más o menos diez años son de esa naturaleza y los conflictos internos si bien no han desaparecido ahora no tienen la fuerza del daño. Debe seguir siendo diáfano que la Masonería esencial son los tres primeros grados y que el escocismo es una escuela filosófica acogida por quienes a bien lo tengan, con la condición antecedente de ser regular en lo primero. Los grados escocistas o filosóficos de cualquier orden no pueden ser, no lo son, enseña de autoridad, ni pleitesía en el simbolismo. Cada uno en su espacio, pero con la precisión de que la suprema autoridad en todos los casos en la institución está encarnada en el Gran Maestro. La claridad en las relaciones entre los dos entes (especies de un mismo género) es la garantía de ausencia de disputas, lo que no debe perderse de vista jamás para que no debamos dolernos de descalabros en los que se ha echado por tierra una buena parte de la construcción de unos espacios que no fue fácil edificar, pero que en celos de vanidad se perdieron, sin que nadie saliera ganando absolutamente nada. Todos salieron perdiendo. 

 

La Masonería del futuro tiene el deber de vivir para la historia y esto no es posible si no  se tiene el propósito claro de construirla. A nadie le han regalado su paso a la historia. Quienes en ella se ha ubicado, se lo ganaron con sus acciones, sus vidas, sus servicios, su manera de ser. Los Masones de mañana tienen que ganarse un espacio en la Historia, para que esta no siga reducida  a la que ya se hizo  por quienes nos han antecedido.

 

Hay que conocer la historia para saber cuales son los puntos a superar, no solamente para rendir homenaje a quienes la protagonizaron.

 

El futuro de la Masonería es grande, si así nos lo proponemos los Masones del presente y del mañana.

 

         Cartagena de Indias, octubre 27 de 2.001.